Nuestros padres y abuelos han cazado mucho, a veces sin control, provocando que muchas especies estén en peligro de desaparecer.

En 1990 el Estado decidió pemitir solamente la cacería de subsisten­cia y prohibir la cacería con otros fines. En 1999 se decidió autorizar que algunas especies se puedan aprovechar comercial­mente a través de actividades organizadas y planificadas en un PLAN DE MANEJO que tiene que ser evaluado por técnicos de la Dirección General de Biodiversidad y Áreas Protegidas (DGBAP) y aprobado por una Resolución Ministerial por un periodo de 2 años.